La relación entre la flora intestinal y tu bienestar – parte 1

La relación entre la flora intestinal y tu bienestar – parte 1

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Existen muchas formas para aumentar o recuperar tu propio bienestar. No existe una fórmula universal y mágica, existen muchas teorías y fórmulas diferentes. Lo importante es buscar aquella que más se ajuste a tus gustos y necesidades.

Las hay pasivas, no requieren implicación ni esfuerzo, no cambian nada tu estilo de vida. Es tomarte la pastilla de turno. Si es esta tu opción quizás este no sea tu blog.

Y las hay proactivas, requieren implicación, toma de consciencia, adquirir nuevos hábitos, reestablecer prioridades, entendiendo tu bienestar cómo un nuevo proyecto, cuyo éxito depende exclusivamente de ti. Si esta es tu actitud, te invito a seguir leyendo.

Puedes tomar acción y cambiar los factores externos de tu vida: trabajo, pareja, entorno, incluso de país, como hice yo hace 17 años. Puedes pensar que con eso basta para mejorar tu bienestar, pero hay factores internos, como la flora intestinal, que influyen en tu estado de ánimo, forma de pensar, gestión del estrés, peso, dolor, como te relacionas con las personas de tu entorno e incluso influye en las decisiones que tomas a lo largo de tu vida.

Tu flora intestinal está en continuo diálogo con tu cerebro, influyendo en tus emociones y sentimientos, jugando un papel fundamental. Es la gran desconocida.

Antes de profundizar en ella, conozcamos su hábitat, el intestino, dónde realiza su trabajo.

El intestino es el órgano más grande de tu cuerpo, con un tamaño de unos ocho metros de largo y una superficie tan grande como una cancha de baloncesto. Si plancharas la pared de un intestino con sus vellosidades, obtendrías una superficie de unos 400 o 500 metros cuadrados, casi nada. Dentro de esta enorme cámara oscura, sin luz ni aire, se desarrolla tu flora intestinal o “microbiota”.

En este enorme hábitat de tu cuerpo, viven miles de cepas de microorganismos (bacterias, levaduras, virus, hongos…), con los que tienes, aunque no lo sepas, un acuerdo de beneficio mutuo. Solo en tu intestino grueso viven unos 100 billones (100.000.000.000.000) de bacterias. Diez veces más bacterias que células en todo tu cuerpo, mil veces más bacterias que estrelles en nuestra galaxia y cien mil veces más bacterias que humanos, habitando el planeta.

Aunque estos microorganismos son muy pequeños, son tantos, que si juntases todos tus inquilinos intestinales, pesarían unos 2 kilos. Así que la próxima vez que subas a tu báscula y te indique que pesas 60 kilos, podrás decir sin mentir que sólo son 58.

Desafortunadamente, la reputación de estos bichitos tan simpáticos, ha sido bastante mala, ya que han sido acusados indiscriminadamente de la culpabilidad de muchas enfermedades a lo largo de nuestra historia.

Pero como todo en la vida, no podemos meter a todas las bacterias en el mismo saco, simplemente por pertenecer a la misma especie, por llevar el mismo apellido o por tener un aspecto parecido.

Igual que existen bacterias malas, también las hay muy molonas, que te favorecen mogollón. Lo cierto es, que muchas de ellas son amazonas guardianas de tu salud y bienestar, que luchan a tu favor.

¡Pero aún hay más! Tu flora intestinal es cómo tu propia “farmacia particular” que te proporciona tratamientos personalizados, naturales y sin efectos secundarios.

En un intestino sano, aproximadamente el 90% son bacterias beneficiosas y un 10% bacterias nocivas.

En los últimos años ha habido un gran avance en este ámbito. Existen infinidad de estudios que han identificado muchas de las cepas bacterianas y han demostrado su influencia en los cambios que se producen en la salud.

Un pequeño cambio en tu flora intestinal, muchas veces causado por un estilo de vida poco saludable, la toma excesiva de antibióticos, comida rápida, alimentos contaminados con pesticidas, el estrés, … puede ser causa de muchas enfermedades.

Hipócrates, ya lo afirmó: “toda enfermedad, comienza en el intestino.”

Una de las tareas más importantes de las bacterias es darte energía. El 30% de las calorías que obtiene tu cuerpo de los alimentos, es gracias a las bacterias. Ya que ellas son capaces de descomponer nutrientes, que tu sistema digestivo no es capaz de digerir por sí mismo, al producir las enzimas necesarias para procesarlos.

Otras funciones de tu microflora

Regulan tu peso

Producen vitaminas, cómo por ejemplo vitamina K y algunas vitaminas del grupo B

Promueven la absorción de algunos minerales, como el calcio

Colaboran en la formación de encimas, sustancias mensajeras, hormonas, como la de la felicidad (Serotonina) y supresoras del apetito (Leptina)

Renuevan la capa mucosa de la barrera intestinal

Repelen gérmenes hostiles, como el “Clostridium Difficile

Entrenan a nuestro sistema inmunológico

Segregan sustancias a tu sistema nervioso para comunicarse con él

Favorecen un desarrollo saludable de tu cerebro

Hacen de barrera para impedir que sustancias toxicas pasen al torrente sanguíneo

¿Cuáles son estas bacterias buenas?

Todos tenemos nuestra particular composición de bacterias. Formadas por un cóctel bacteriano de unas 2000 especies diferentes (Firmicutes, Bacteroidetes, Actinobacterias y Proteobacterias).

Ojalá, pudiésemos dar la receta bacteriana perfecta para un bienestar óptimo. Pero esto aún está por estudiar. Lo que si podemos afirmar es que lo principal es que tu flora intestinal sea variada y que haya un equilibrio entre las familias de las bacterias beneficiosas. Cuanto más diversas sean las bacterias, mejor.

Al nacer, incluso antes, obtenemos una huella bacteriana de nuestra madre, la cuál va evolucionando a lo largo de nuestra vida. Es decir, los miembros de nuestra familia, las personas de nuestro entorno, los animales con los que convivimos y por supuesto nuestra alimentación, nos van aportando bacterias.

Las especies más frecuentes de tu intestino son:

Firmicutes: Clostridios, Bacillus (Lactobacillus), Erysipelotrichia y los Negativicutes

Bacteroidetes: Prevotella

Actinobacterias: Bifidobacteria

Verrucomicrobia: Akkermansia muciniphila

Betaproteobacteria: Escherichia Coli

Cuando eras un bebé, tenías más bacterias que ahora para descomponer la leche (Lactobacillus). Si eres delgada/o, tendrás menos bacterias para la descomposición de hidratos de carbono, que una persona obesa. Y si eres joven, tendrás más bacterias contra el estrés que una persona mayor.

En la mayoría de los casos, un empeoramiento de tu salud y bienestar, está relacionado con un desequilibrio en la constelación de tu flora intestinal. No solo cuando afecta al intestino, sino con cualquier órgano de tu cuerpo.

Si tú y yo tuviéramos la misma enfermedad, tendríamos probablemente unas cuantas similitudes en nuestra flora intestinal. Tendríamos un aumento de bacterias que producen sustancias que provocan nuestra sintomatología y/o tendríamos falta de bacterias que la evitan.

Igual que no todas las bacterias son malas, solo por ser bacterias, no todas las bacterias de la misma familia tienen el mismo carácter, unas son bondadosas y otras no lo son tanto. En la misma familia pueden aparecer bacterias malas y bacterias buenas.

La mayoría de las baterías de la familia Firmicutes, clase Clostridium, de tu intestino son fabulosas, como el Ruminococcus o el Eubacterium, pero su primo Clostridium Difficile, te puede fastidiar bastante la vida, si consigue aumentar su población, ganar terreno y desalojar a las bacterias guardianas que normalmente le mantienen a raya.

Por esto, hay que conocer cada cepa individualmente, saber cuáles te dañan y cuáles te benefician. Para poder mimar a todas aquellas que favorecen tu bienestar.

¿Cómo podemos echar un cable a estas bacterias beneficiosas?

Introduciendo pequeños cambios en tu estilo de vida y alimentación, puedes influir beneficiosamente en tu flora intestinal. Las bacterias, al igual que tú, se alimentan de lo que comes y bebes.

Si quieres tener ciertas bacterias en tu intestino, debes comer aquello que les gusta.

Si comes al estilo fast food (productos ultra procesados, pizza, fritos, grasa animal, dulces y bollería) ayudas a las bacterias dañinas a aumentar su población.

Si por el contrario tienes un estilo de dieta mediterránea (verdura, pescado, comida fermentada y frutas), ayudas a las bacterias buenas, facilitándoles su comida favorita y creando un ambiente beneficioso para ellas. ¡El poder está en tu boca!

Si tomas antibióticos o tienes la sensación de que tu flora intestinal está desequilibrada, le puedes proporcionar una ayuda extra a través de una ingesta de probióticos.

¿Qué son los probióticos?

Son bacterias vivas que tienen un efecto positivo sobre tu bienestar. Los puedes obtener a través de tu alimentación y de suplementos alimenticios.

Estos últimos no deben remplazar nunca a una alimentación saludable. Los alimentos frescos de temporada deben ser la base de tu alimentación. Si pueden ser ecológicos, mejor. Cuando tomas probióticos en suplementos alimenticios, debes asegurarte que consumes bacterias vivas y de origen humano (mejor que las de vaca). Estos suelen venir en cápsulas, polvo o líquidos refrigerados. Si el suplemento contiene una combinación amplia de diferentes cepas bacterianas, que vienen acompañadas con prebióticos, mejor que mejor.

Hay una gran variedad de alimentos vegetales que tienen una buena cantidad de cultivos bacterianos especiales, llamados probióticos. Conocemos alrededor de 400 bacterias probióticas diferentes. Las más conocidas y más importantes son las bacterias del ácido láctico, porque son tolerantes al PH ácido.

El yogur griego natural, es una de las mejores fuentes de bacterias probióticas. Tiene un efecto positivo sobre la flora intestinal, la densidad ósea y la presión arterial. El Kéfir ayuda a regular la presión arterial y tiene efectos antimicrobianos y antiinflamatorios. El Chucrut contiene muchas bacterias del ácido láctico y también altas cantidades de vitamina C, vitamina B12 y fibra. El Miso japonés contiene muchas bacterias de ácido láctico, proteínas y fibra. La Kombucha tiene un ligero efecto antibacteriano y efectos positivos sobre la salud intestinal. El Kimchi es un plato coreano elaborado con verduras fermentadas. Además de las bacterias probióticas, también contiene mucha fibra, proteínas y vitaminas.

…continuará el sábado que viene